Fecundación in vitro con microinyección intracitoplasmática de un espermatozoide (ICSI)
Este procedimiento recibe el nombre de
ICSI por sus siglas en inglés (Intra Cytoplasmic Sperm Injection) y consiste en
la inseminación de cada ovocito mediante la microinyección de un espermatozoide
en su interior (citoplasma).
La ICSI es un complemento a la fecundación in vitro convencional. Los pasos
previos y posteriores a la inseminación son exactamente los mismos (la
estimulación ovárica, la punción folicular y la transferencia de los embriones),
y únicamente varía la técnica de inseminación. Mediante esta técnica el ahorro
de espermatozoides es evidente, ya que se precisa sólo un espermatozoide por
ovocito, mientras que en una FIV convencional son necesarios del orden de 50.000
a 100.000 espermatozoides. El avance en el tratamiento de la esterilidad
masculina ha sido notable desde la aplicación de la ICSI.
Desarrollo de la ICSI
Primera fase (control y estimulación de la ovulación). Para obtener los
ovocitos se realiza la estimulación farmacológica de la ovulación, mediante la
administración de la hormona folículo estimulante FSH (en este caso, se asocian
también antagonistas de la GnRh para tener un completo control del ciclo
ovárico) y determinación de los niveles hormonales en sangre de la hormona
estradiol, así como seguimiento ecográfico del desarrollo folicular en los
ovarios. Al comprobar que los niveles hormonales y que el número y tamaño de los
folículos son los adecuados, se desencadena su maduración mediante una inyección de
una hormona llamada LH (luteoestimulante).
Segunda fase (fecundación in vitro). Unas 36 horas después de la
administración de la LH, el ginecólogo realiza la obtención de los ovocitos.
Este procedimiento consiste en la punción de los folículos que los contienen,
mediante control ecográfico vaginal y aspiración del líquido de su interior,
donde se encuentran los ovocitos. Estos líquidos se llevan al laboratorio, donde
el biólogo localiza y obtiene los ovocitos. Los ovocitos se cultivan durante
unas horas en medio de cultivo, mientras el semen es convenientemente preparado
(de forma similar que para la inseminación artificial). Seguidamente el biólogo
lleva a cabo la inyección intracitoplasmática de un solo espermatozoide.
Este procedimiento consiste en seleccionar un espermatozoide e introducirlo en
el citoplasma de un ovocito, se emplea para ello un micromanipulador acoplado a
un microscopio. Este proceso debe repetirse para cada uno de los ovocitos
disponibles. Al día siguiente se comprueba cuántos ovocitos han sido fecundados.
Tercera fase (transferencia). Entre uno o dos días después, los ovocitos
fecundados (o zigotos) dan lugar tras su división a preembriones, que ya se
encuentran en el estadio adecuado para ser transferidos al útero materno. Para
la transferencia embrionaria se seleccionan de dos a tres preembriones, que se
introducen, junto con una pequeña cantidad de medio de cultivo en un fino
catéter. Este catéter será canalizado por el ginecólogo bajo control ecográfico
abdominal hasta el final del útero, donde serán depositados los embriones.
Cuarta fase (criopreservación). Los preembriones no transferidos se
congelan en nitrógeno líquido (criopreservación) y se almacenan en el banco de
embriones del laboratorio convenientemente identificados. Estos preembriones
pueden ser utilizados en un ciclo posterior si no se obtuvo el embarazo en el
primer intento. Lógicamente, esto simplifica y abarata el procedimiento, aunque
las tasas de embarazo disminuyen un poco.
Técnica indicada en...
La inseminación por ICSI se empezó a desarrollar en 1992 y fue concebida
inicialmente para casos de esterilidad masculina por origen desconocido o cuando
no es practicable la FIV convencional. Por ejemplo, en caso de se disponga de
muy bajo número de espermatozoides en el semen (oligozoospermia severa) o muy
mala movilidad de éstos (astenozoospermia severa).
Casos especiales
Cuando no se encuentran espermatozoides móviles en el eyaculado se pueden
obtener éstos mediante aspiración del epidídimo o por biopsia del tejido
testicular. Esta técnica se emplea cuando se desea tener un hijo después de una
vasectomía (cuando no se obtiene suficiente muestra en la punción del conducto
deferente) o en situaciones especiales, como es el caso de malformación de los
conductos deferentes, cuando existe eyaculación retrógrada, en casos de
tetraplejía o paraplejía, así como en la impotencia. Las posibilidades de
fecundación y desarrollo de embriones normales con espermatozoides testiculares
son las mismas que con espermatozoides del semen eyaculado, y el proceso es
también exactamente el mismo.